La rehabilitación de las viviendas existentes se ha convertido en una prioridad para reducir la insostenibilidad de nuestras ciudades. Mediante la rehabilitación se puede alcanzar un ahorro energético y de contaminación cercano al 60% de la inversión energética que supone la construcción de un edificio nuevo. Las fachadas ventiladas se imponen como la solución de rehabilitación en tiempos de emergencia climática. 

La situación de cada edificio respecto al consumo energético es consecuencia, entre otros parámetros, de las diferentes tipologías constructivas y las normativas vigentes durante su época de construcción. Pero la realidad es que el 65% de las edificaciones españolas fueron construidas antes de 1980, cuando no existía normativa que limitara la demanda energética.

La primera norma sobre transmisión térmica de fachadas apareció, consecuencia de la crisis del petróleo, en 1974, haciéndose efectiva a partir de 1979 bajo el título de Condiciones Térmicas de los Edificios. Y duró hasta 2006, con la aparición del Código Técnico de la Edificación. Desde entonces se construye y rehabilita bajo criterios de eficiencia energética, imponiéndose un modelo constructivo: la fachada ventilada.

 

¿Qué es una fachada ventilada?

La fachada ventilada se define como un sistema de cerramiento exterior constituido por una hoja interior, una capa aislante y una hoja exterior no estanca. O dicho de otra manera, se trata de una capa de revestimiento (hoja exterior), anclada sobre una subestructura específica sujeta al muro soporte del edificio (hoja interior), dejando entre una y otra hoja una cámara de aire de entre 3 y 9 centímetros, a modo de cámara de aire que, mediante el “efecto chimenea”, activa la ventilación natural y mantiene el muro portante protegido de humedad, frío y calor, logrando un gran ahorro energético.

  

Ventajas de la fachada ventilada

Aislante térmico: Como decíamos anteriormente, por el efecto chimenea se logra que, en los meses de verano, el calentamiento de la hoja exterior ejerza un efecto convectivo que haga circular el aire caliente por el interior de la cámara de aire, renovándolo por aire frío. Y en invierno, la cámara conserva el aire caliente del interior evitando su dispersión exterior. Así se mantienen temperaturas más agradables y un considerable ahorro en calefacción y refrigeración.

Impermeabilidad: Al ser la cubierta exterior la que recibe la humedad procedente de lluvias, nieblas, etc.

Aislamiento acústico: La fachada ventilada contribuye al confort acústico, disminuyendo considerablemente la contaminación medioambiental por ruidos.

Resistencia y durabilidad: Los paneles usados en las fachadas ventiladas ofrecen unas excelentes propiedades mecánicas –alta resistencia a los golpes, la corrosión y los efectos de agentes atmosféricos–, convirtiéndolos en una solución limpia y, sobre todo, duradera.

Facilidad en la instalación: Al instalarse sobre el muro soporte del edificio, la fachada ventilada no genera escombros y es fácil de colocar en obra.

 

Tipos de capa de revestimiento en fachadas ventiladas

Panel fenólico: A base de resinas sintéticas termoestables que se caracterizan por su gran resistencia al calor, al agua y al envejecimiento.

Panel composite de aluminio: Formado por dos capas de aluminio unidad por un núcleo de resinas termopláticas.

Panel fibrocemento: A base de cemento, celulosa y materiales minerales de alto rendimiento.

Hay muchos objetivos y quedan demasiados retos para alcanzar modelos urbanos más sostenibles. Pero en rehabilitación, cada vez que se opta por una fachada ventilada que capta directamente energía natural, como calor solar o frescor nocturno, el edificio empieza a convertirse en gestor de energía no contaminante que contribuye a que los recursos globales se gasten más lentamente.

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